Brasileño…
tanto que hace y deshace, y macho de aquí, y cacique de allá, y más eso y más aquello, al final
de la fiesta viene una mujercita de nombre raro, medio inmigrante, muy querida de algunos y
detestada por muchos, pelo empinado, dentadura conejito, habla fuerte, madre, abuela,
y ahora es Presidenta, la Jefa Suprema de la gloriosa nación y del pueblo retumbante…
Si eso no es progreso y orden! Un viva a nosotros, ¡olé!
Aguas pasadas. Un golpe de la derecha derrumbó Doña Dilma, un Presidente fascista, capitán
expulso del ejército, desgobernó el país que sigue inmerso en el caos, a ver qué consigue el viejo
Lula para salvar ese desastre de país que no hay quien gobierne.
Un slogan de aquellos años feos de los golpistas del 1º de abril: BRASIL! Ámalo o déjalo!
Por fin lo dejé, no por falta de amor, muy al contrario, y muchísimo menos a causa de milicos,
solo faltaba, tanto que la emoción ahí está, por Tierra al otro lado del Atlántico hasta fluyeron
lágrimas, hoy cristalizadas… y siempre me he negado a asumir otra nacionalidad… por más
ventajas [$$$] que eso pudiese proporcionarme.
Menos mal, compadre, solo faltaba. Renegado no, ¿eh?
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