Heidelberg

heidelberg shloss wegAl princípio también las personas me parecían transmitir esa incómoda impresión de espacios cerrados, gente habituada
a vivir algo restringida por el estrecho, aunque pitoresco paisaje, siempre invadido por extraños, pues Heidelberg ha sido
y sigue siendo unas de las más visitadas atracciones turísticas del Sur de Alemania.

Y mentalmente ya me estaba preparando para dejar el Valle del Neckar en busca de otros rumbos cuando…
eso es… aconteció exactamente lo que dice la primera estrofa de la canción de Raymond.

Y lo más curioso es que unos meses más tarde, durante los festejos de Carnaval celebrados en conjunto con el Teatro
y el Club Perkeo, en una velada musical en el Auditorio del Palacio de Congresos, de la cual tenía que participar como
titular del elenco artístico, también tuvo participación obligatoria una recién contratada soprano española, joven,
guapísima, gran talento, voz preciosa, cantando exactamente esa famosa canción…
que tan bien describía lo que acababa de ocurrir… con ella y conmigo. Ah, la Spagnola!

En menos de seis meses estábamos casados. Y allí nació y creció como cualquier niño alemán, con la única diferencia
de que sus padres venían de dos países diferentes, dos lenguas diferentes, ÉL, quien aprendió desde pequeño a convivir
con tres idiomas – portugués, español y alemán. Hoy, además de esas lenguas, domina también el inglés. Wow!

En Heidelberg he pasado, más que en cualquier otro lugar, la mayor parte de mi vida. Y allí pulsa aún mi corazón, o mejor
el nuestro, pues, más allá de todos los recuerdos y frecuentes visitas, el chaval sigue haciendo su vida en esa región.

Foto: Schlossweg (Camino del Castillo)