Poesía {en español}

paseo lorca 350Con ella aprendí a hablar español, que hasta entonces solo sabía leer, pues desde El Lazarillo, La Celestina
y el Quijote, pasando por Góngora, Quevedo y otros monstruos de esa extraña raza de genios, hasta "el rayo
que no cesa" de Miguel Hernández y el impacto de rayos y truenos puñales y sangre toros caballos señoritos
y gitanos cante y duende y más y más del mayoral y gran brujo insuperable y único, Federico García, ya había
leído, releído, devorado y asimilado (algo, no todo por cierto) del supremo genio de la Península — donde
por fin vine a vivir, ¡sabrán los dioses y el viento por cuánto tiempo!

A lo mejor la chispa aventurera de algún viejo ancestral cántabro me empuja a buscar incesantemente nuevos páramos y paisajes, nuevas lenguas y cantilenas, nuevas caras y amables sonrisas, que sin eso ¿de qué sirve todo, verdad?

E inmediatamente se me entró de nuevo por las venas la chispa de la poesía, que ya se va transformando en segunda naturaleza o vicio o bendita costumbre que no consigo dejar de---

Mi primer intento parece haber despertado la atención, especialmente por los innúmeros Comentarios positivos, finalizando para mi sorpresa con un "accésit" del
I PREMIO INTERNACIONAL DE POESÍA ADDISON DE WITT
al poema que da título al poemario (todavía inédito): “Modulaciones en sol menor”

Entre tímidos experimentos formales, juegos poéticos con el nuevo idioma, las imágenes desbordantes de magias y enigmas, semiocultas, suspensas en el aire de la península y de sus islas, búsquedas de posibles soluciones musicales, ritmo y colores sonoros en una lengua hasta ahora únicamente leída y admirada, degustada, declamada (para mis adentros), muy especialmente los poetas —que son tantos—, entre los
cuales citaría a los del siglo XX, Alberti, Aleixandre, Cernuda, A. González, J. Guillén, Juan Ramón, León Felipe,
A. Machado, Salinas, Gil de Biedma, A. Valente, Pimentel, Gamoneda, y otros más, presentes y pasados, que poco a poco voy descubriendo.

A los dúos ya citados [Quevedo y Góngora, M. Hernández y García Lorca, permanentes devociones] debería
añadir por especial cariño a Rosalía de Castro, dejando para otro día la inmensa lista de los hispanoamericanos,
de otro modo no terminaría nunca.


Primero vinieron dos poemarios, con ilustraciones de amigos pintores, cuyas obras siempre
me impresionaron de una forma muy especial, me proporcionaron y siguen proporcionando
un alto placer estético, además de servirme de constante inspiración.

En primero lugar el recién publicado Hilvanados caminos - El libro del desarraigo.
Azur Editorial, 2019 - ISBN: 978-84-949399-3-8

¿Qué sorpresa reserva a los lectores este original “Libro del desarraigo”?

La aventura gráfica de un artista - Joseba Plazuelo - en su periplo por pueblos de América (La Plata,
La Habana y otros) para crear un cuaderno o diario de viaje que atraviesa su labiríntico mundo interior.
La belleza de una auténtica fiesta de fascinantes formas y colores en una mezcla de sencillez
y sofisticación
que deja perplejos a quien con curiosidade y asombro se pone a contemplarlas.

Acompañándolo en sus peripecias gráficas por esos extraños páramos, ya desde nuestras primeras
colaboraciones puntuales en una así llamada “simbiosis artística”, he tratado de reinventar con metáforas
o poéticas imágenes un agitado y complejo mundo pararelo al onírico peregrinaje de los dibujos de J. Plazuelo.

 


Por último el más reciente lanzamiento:

«La cadencia de tu vuelo» - editado e impreso
por PRINTCOLOR - ISBN: 978-84-16939-85-5

Se trata de un volumen de varios y variados poemas, en español, construído en diversas etapas
da mi vida ambulante por tierras teutónicas y otras más hasta que por fin me vine a aterrizar en
Cangas, con ilustraciones de una artista valenciana — Mini de la Fuente — publicado en el 2019.

No es más que un elucubrado vuelo poético a partir de la infancia en las altas montañas mineras de
mi tierra natal (Passa Quatro, MG), donde quedaron plantadas en la memoria del niño las marcas
del verde valle a los pies de la Sierra de Mantiqueira, la vista siempre puesta en los altos confines de
aquel horizonte que de un día para otro tuve que dejar para enfrentarme a un nuevo mundo, a su vez
extranho y hostil, y con una ansia enorme de al final poder ver el mar, hasta entonces tan solo
un poderoso mito en mi mente de chico montañés…

ese mar inmenso, oceánico, atlántico, que años más tarde tendría que atravesar para empezar
una nueva aventura vital en el viejo mundo, concretamente en Alemania, donde pasé más
de la mitad de mi vida, dedicándome a lo que más me gustaba y atrahía… la música clásica…
el canto lírico… ópera, lied, oratorios, etc.

y terminada esa fase de la vida me vine para España, tierra de mis lejanos antepasados,
para disfrutar finalmente del mítico 'mar de Vigo' con el cual había estado soñando desde
los viejos tiempos en que estudiaba, entre otras cosas, las viejas «cantigas de amigo»…

Ondas do mar de Vigo…

Ay ondas que eu vin veer

 

 

 


El poema que da título a la colección (“Modulaciones en sol menor”) y al cual se otorgó un "accésit": Modulaciones